jueves, 14 de marzo de 2024

(antiguo)

un secreto 

susurrado a un árbol

cubierto de lodo

abandonado

para siempre

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 Hace un par de días, pensé que era el primer día, en mucho tiempo, en que sentía algo. No sabía bien qué; quizás era un poco de todo. Desde siempre, mi experiencia subjetiva consiste en altos muy altos, bajos muy bajos, e intermedios que no duran más que un par de horas. Los últimos meses sentía que nada se movía. Los bajos se habían quedado abajo, muy abajo, estancados e inertes. Sentía el cuerpo adormecido, el pecho vibrante, la cabeza muy pesada. Como una hoja al viento, como una roca que rueda río abajo, todo en la peor forma posible.

Han pasado tantas cosas importantes, que tuve miedo de perdermelas. Quise sentir los últimos momentos de este arco con felicidad; quise reír con mis amigas y compañeras, quise dejarle palabras sinceras a mis niños. Quise aprovechar esos últimos días en Santiago, ir a la feria, intentar sentir en mi cuerpo ese entusiasmo liviano y luminoso. Quise caminar por la calle y sentir el sol en mi piel. 

No preví la pena. Creí que se sentiría igual estos últimos meses; esa mezcla de angustia y aplanamiento, esa desesperación insoportable. No preví la pena profunda, el dolor visto en cámara lenta, de mi corazón rompiéndose en pedacitos a sí mismo. Se siente increíblemente necesario, y nunca había visto con tanta certeza lo alineados que están ambos sentimientos. Sin embargo, ahora no puedo parar de llorar. A veces siento que pierdo las proporciones. Pero me pregunto si, cada vez que llore, estaré sacando algo de esto al mundo. Parte de este sentimiento se vuelve tímido afuera. Pero quisiera llorarlo, quisiera llorarlo todo, porque por primera vez quizás, veo todo esto quedarse atrás. Sin la ilusión infantil del retorno, avanza mi vida como cauce de río; nada permanece igual, aunque lo parezca. Quisiera llorar infinitamente, por todo lo que se pierde, y no vuelve. Lo que odié y lo que amé. Nada permanece realmente. 

martes, 27 de febrero de 2024

Sería tan fácil vivir con la mirada hacia adentro. Con los ojos adentro.

Han sido tantos los días en donde todo se siente como una pérdida. no recuerdo bien cómo se sentían los días en la mañana, a penas amaneciendo, y el entusiasmo, y la emoción de un día que empieza,  con muchas horas por delante. no recuerdo qué cosas se sentían parecidas a eso, tampoco. ha sido un año largo. así que, cuando voy en el auto, en medio del tráfico, pienso en los momentos felices de este último año. los recuerdo, e intento sentirlos en el cuerpo. intento verlos tal cuál estan guardados en mi mente. quiero dejarlos aquí, no perderlos nunca. no dejar que entren las cucarachas a arruinarlos. 

las luces colgadas, en círculo, por todo el borde del techo de mi pieza. prendidas, brillando. 
mi escritorio nuevo, o viejo, apostado a un costado de la ventana.
la primera nieve sobre la cordillera.
lluvia corriendo por el parabrisas.
un día temprano, la sonrisa de una compañera. 
pájaros en un humedal. 
cuantos sábados, caminando de la mano por la feria de Roberto Espinoza. 
otros domingos, tomando energética por la feria del parque de los Reyes. 
salir acalorada de un concierto, tomar la micro en la esquina de Moneda.
esperar temblorosa en un paradero del centro, la micro que va a Nonato Coo
ver Santiago estirarse desde la cumbre del cerro San Cristobal.
una cerveza y una pizza, con una amiga, en un departamento ocupado únicamente por cajas.
almuerzos picantes en Patronato. compras en los supermercados chinitos. 
recibir visitas ilustres, del extremo sur, del extremo norte. 
un informe enviado el último día. 
una entrevista laboral, cerca de la cordillera, con el aire frío y limpio.
un funeral en Quintero.
días largos, viendo la tele en el computador, con la cabeza apoyada en el escritorio, guardando las cosas de los cajones, desmantelando un programa. 
risas fuertes en el comedor, mirando a la gente pasar por la ventana.
salidas en una van, dando vueltas por calles conocidas, con compañeras y amigas.
un viaje a Conce, tranquilo, adormilado y contento.  
el secuestro de una chini, de PAC a Ñuñoa, de Ñuñoa a Quilicura.
tomando siesta en el auto, en medio de un cumpleaños.
manejando al pueblito de Lo Barnechea, a las cuatro de la mañana.  
sacando la vuelta, muriendo de calor en el trabajo.
la luz en el pasillo, la ventana al fondo, la vista desde el piso 21.
un departamento pequeño, pero lleno de gente.
un camino en auto, con el sol de la mañana pasando a través de las hojas de los árboles. 
saltar gritando "c'mon baby play me something like 'here comes the sun'"
un patio, con un arbol aledaño que deja caer sus ramas, todo lleno de naranjas.
abrazos de compañeras luego de una ausencia. abrazos difíciles, complicados. abrazos respetuosos. 
llantos en el auto.
la luz de una única vela.
pizza en el parque, completos en un bandejón, mote con huesillo camino a casa y el sol pegando fuerte desde el horizonte
risas fuertes, nuevamente, en un segundo piso. cuando pensé que ya no quedaban. 
correr de cara al viento por Miraflores.
la virgen del San Cristobal, cubierta de nubes, y el cerro, cubierto de verde
los días tranquilos de un extraño mes de julio
las listas de reproducción  insignes que dan vueltas en círculos; una mía, para el auto, otra suya, para trabajar.
un paseo alucinado a las dunas, un viaje conversado hacia el norte.
bollitos agridulces a un costado de Franklin.
almuerzos dedicados de fin de semana.
conversaciones junto a un computador.
una gata bajo la lluvia, un junco que se dobla (pero siempre sigue en pie)
ser Diego de Almagro, ser la sociedad de la nieve.
manejar, acarreando a todas las personas que quiero.
"yo creo que usted es fuerte... porque mantiene su cabeza en alto"
los mensajes hermosos sin respuesta.
las canciones que canté sola en el auto. 
todo momento como un pequeño descubrimiento.

el caos del día a día-
el murmullo de los autos a la distancia-
las interminables luces de los edificios-
    iluminando todo el ancho de mi noche.


 

miércoles, 14 de febrero de 2024

 Últimamente, antes de dormir, siempre siento la necesidad de escribir. Impedir que algo de esto se deslice entre mis dedos. Hoy día reí mucho. Quise guardarlo antes de que se esfumase. Pero al llegar la noche, el sueño es más fuerte, cada vez. Y lo dejo para un día siguiente. 

martes, 16 de enero de 2024

en qué estaba pensando?

12 años, y no pensé que iba a doler 
tanto?

viernes, 12 de enero de 2024

un arma blanca

 hoy día es el primer día en días
hoy día es el primer día en que pude mirar por mi balcón. Santiago se veía blanco, extraño y difuminado. Brillaban las ventanas del edificio enorme que está a un par de cuadras, el elefante blanco. después de varios días sin salir, sin bañarme, durmiendo y comiendo y durmiendo y fumando, quise mirar y grabarme en la memoria el color de la luz reflejada en los ventanales. el atardecer es hermoso desde ese reflejo. 

anochece, y la ciudad me mira en infinitas luces amarillas. sentí acabarse todo esto. me sentí peregrina. lejos de casa, que más que casa es una espalda tibia sobre la que llorar. me sentí llorar, sin espalda tibia sobre la que apoyarme. me sentí llorar un llanto viejo, y sentí palidecer las luces. dudé de las palabras, y de mí misma. pensé en mi amigo, acostado sobre su cama, con las piernas arrumbadas sobre la pared, con la única luz de una vela, y me escuché decir algo sobre este sentir, enorme, sin lugar para descansar. hay personas que no le temen al tamaño de este sentir. y me inundé de agradecimiento, y de propio temor. y lo sentí, mirando mi herida, y me sentí llorar una vez más. y dice algo, que da un giro, y siento calidez en mi pecho, y siento la pena más grande. una pena viva. 

qué dolor, pensé. estoy enamorada de mi herida.    

lunes, 23 de octubre de 2023

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 Voy en el bus de las 2 de la tarde. Para llegar, tuve que cambiarme mis zapatos a zapatillas, correr hasta la micro. Tuve que esconderme a un costado del terminal, para pegarme un pipazo, y alcanzar a fumarme un cigarro. Todo antes de las 2. Cuando subo al bus, tengo la boca seca y el sabor del tabaco pegado al paladar. Me siento liviana y en mi pecho revolotean cosas que no logro determinar bien. Amo salir de San Antonio, desde la vista alta del bus. Amo sentir el calor del sol, a través del vidrio, sobre mi piel. Amo dejar mis cosas a un costado, sabiendo que no se va a sentar nadie cerca. Con los audifonos puestos, pongo lo que sea que esté sonando en ese momento. A veces lloro, otras veces solo me retuerzo como una iguana al sol. En medio del peor año de mi vida, no sé si soy feliz. Pero sí se que siento, en ese momento, siento y lo que sea que siento, se siente en mi cuerpo, en mi pecho, en mi piel. 

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Me dijo que creía que me gustaban los hombres oscuros. Me reí, le dije, "y eso que no viste a los otros". Nos reímos. Dice que es mi autopercepción, y yo me río de nuevo. No profundiza. Sé a lo que se refiere. Pero sé que no ha visto el resto también. Es cierto en todo caso. No vió al resto, y no ha visto el otro resto; el resto de mi, que está guardadito bien adentro. A veces me tiritan las manos y piernas, y sé que no son las pastillas, sé que es otra cosa. A veces siento gritos escapar de mi boca. A veces tengo que desviar la mirada. Sé a lo que se refiere. Yo quisiera ser luminosa también.     

sábado, 2 de septiembre de 2023

apple cider vinegar

 Me despertaron unos tecladitos, en la canción que encontré por accidente mientras buscaba otra igual. Lloré un poco, porque despertar se siente como un dolor, y se siente como una tensión en los nudos en mi pecho. Hoy día, acumulé una montaña de ropa en el costado de mi cama, e intenté dormir apretada a un costado. Mi consuelo de estar sola es la manera en la que puedo entristecerme infinitamente, entristecerme con miseria, regodearme, llorar, sacarme fotos y borrarlas y sacarlas de nuevo. Un hombre me dijo una vez lo bonita que me veía llorando, y me tomó una foto, y ese día me reí, y en el fondo de mi estómago quise que se muriera. 

Tengo tanto miedo a la palabra. Los meses pasan y no puedo decir. Y la gente que quiero se encuentra una y otra vez con un silencio que no entiendo. Y no entiendo por qué siguen. No entiendo sus palabras, no entiendo que reiteren. No entiendo sus gestos. No solo las mías, no entiendo ninguna, sus palabras tampoco son, tampoco significan. No son. Solo a veces, escucho un tecladito y suena como algo, que significaba algo, que entendí y supe y sentí. Todo lo demás es repetición. Todo lo demás es palabra en boca de niño, que se repite hasta deformarse, hasta ser sonido, y boca y lengua, y cuerda y chasquido y golpe. Todo lo demás es mandibula y fuerza, tecladitos y fuerza, tecladitos y entender y el reto es fuerza, es golpe e impacto, todo el resto es choque y contacto, golpe y fuerza.   

domingo, 9 de abril de 2023

Cravings

 Mucho tiempo sin desear

 un poquitito de dolor

jueves, 30 de marzo de 2023

Feliz

Te amo, te extraño

Te amo, te extraño

Te amo, te extraño

Te amo, te extraño 


Te acuerdas la última vez que fuiste feliz? 

Sí. Pero fue hace tiempo. 

No conozco a nadie que sea feliz. 

No recuerdo no masticar angustia bajo una sonrisa. 

Me hacía feliz tener esperanzas, la posibilidad de que algo bueno podía ocurrir. Esperar cosas buenas. 

No espero nada en verdad. 

La última vez que fui feliz, sin masticar angustias. Un único lugar feliz. A ojos cerrados. Ponerle palabras, una vez más, es traicionarlo. Te amo, te extraño. Solo cierro los ojos, y veo el sol. 

Te extraño, y veo el sol 

Te extraño, y veo el sol. 

Te amo, y veo el sol. El viento y el sol.